El ejercicio responsable de la ciudadanía, entendida como una relación de compromiso y pertenencia con la comunidad en la que se vive y con la que se identifican sus habitantes, es una condición esencial para el progreso. Naciones prósperas se caracterizan por comportamientos dominantes que reflejan alta ciudadanía.
La ciudadanía es el resultado de la mezcla de dos elementos, uno emocional y el otro racional. Desde el nacimiento mismo surge un vínculo emocional imperecedero derivado de raíces profundas con la tierra en la que se nace, con sus costumbres y cultura, que acompaña a las personas por siempre. Ese lazo afectivo genera un sentimiento de identidad que define a las personas y grupos a lo largo de la vida. El papel de la familia es determinante para sembrar desde la infancia la semilla de comportamientos sociales virtuosos.
Para alcanzar la ciudadanía plena, sin embargo, se requiere agregar el componente racional de la mezcla, que no es heredado sino aprendido y que termina siendo más importante porque determina que las personas decidan asumir conscientemente compromisos de respeto, cuidado y difusión de los pilares fundamentales de la comunidad a la que se deben. Conceptos como el respeto a los derechos ajenos, el cumplimiento de obligaciones de pagar impuestos y servicios públicos, la gestión escrupulosa de los recursos públicos y la aplicación de reconocimientos y sanciones sociales para educar, entre otros, son el resultado de sólidas bases familiares que se afianzan a través de educación pertinente y de calidad. El buen ejemplo de líderes y referentes sociales es fundamental para alcanzar la ciudadanía racional.
Toda sociedad vibrante, que quiera progresar y elevar su desarrollo debe revisar regularmente cómo está su nivel de ciudadanía plena, tanto en lo emocional como en lo racional. En el caso de Córdoba, indicadores como los resultados en materia de desarrollo Humano, competitividad y transparencia, muestran que el departamento tiene serias debilidades y grandes oportunidades para avanzar hacia el ejercicio de una ciudadanía plena o integral por parte de sus habitantes. Hay déficit de ciudadanía. Desde Atarraya invitamos a hogares, colegios y universidades a avanzar con decisión y prioridad en la educación en ciudadanía plena, formando personas que no sólo se identifiquen con Córdoba, sino que, por encima de todo, se comprometan consciente y racionalmente con el departamento. El déficit de ciudadanía es un pesado lastre para el progreso social y el desarrollo sostenible.



