La región Caribe y en especial, el departamento de Córdoba, de manera súbita e inesperada, sufrieron inundaciones de muchos domicilios y sitios de trabajo, dejando más de 150.000 personas y 40.000 familias damnificadas, extensión en territorio mayor a 180.000 hectáreas, en condiciones socioeconómicas y humanitarias desventajosas, con pérdida de más de 9.000 especies domésticas, lo que impacta la realidad situacional de la región. Dentro de esta reflexión, considero pertinente resaltar las expresiones de solidaridad de los colombianos con la población afectada, la disposición del sector privado, el liderazgo de entidades públicas, lo que ha permitido hacer más llevadera esta vicisitud, para tratar de suplir las pérdidas y también para reflejar la sensibilidad del tejido social del cual hacemos parte. Los esfuerzos deben continuarse, edificando cada una de las fases para lograr bienestar a la población afectada, que está expuesta a la relación epidemiológica entre los brotes de enfermedades infecciosas y las inundaciones, teniendo en cuenta que las métricas de lluvias fuertes tienen relación directa con aumentos de en la incidencia de procesos infecciosos transmitidos por vectores, roedores y los secundarios al consumo de alimentos sin la adecuada conservación, aquellos que han estado en contacto con desechos humanos en aguas estancadas y con restos de animales muertos, el represamiento de las basuras, la saturación de los sistemas de drenaje y el consumo de agua contaminada. Adicionalmente, con relevancia, hay que mencionar la afectación que ha generado este efecto del cambio climático sobre la salud mental de la población, dado como experiencias emocionalmente perturbadoras para la vida de los seres vivientes, llevando a distrés psicológico, deterioro de estado mental, necesidad de hospitalizaciones, particularmente en poblaciones que se han movilizado a los albergues, con manifestaciones de ansiedad y depresión por agotamiento de la resistencia psicológica. Por lo tanto, sugerimos acentuar el cuidado de niños, ancianos, embarazadas, teniendo en cuenta que estos grupos de más fragilidad y que tienen intercurrencia con enfermedades crónicas, condiciones nutricionales limítrofes y menos adherencia a tratamientos ordenados por el sistema de salud para el manejo de las dolencias. Es fundamental la estructuración de programas para el cuidado, hacer adecuada valoración del riesgo, establecer sistemas de alertas tempranas para mejorar la sincronización de los equipos de trabajo, planear estrategias de mitigación que lleve a mejoría en las condiciones psicosociales, priorizando la prevención y la búsqueda activa de enfermedades asociadas a las condiciones de la naturaleza.
La culpa no es de los ríos…
Las lluvias torrenciales de las últimas semanas, en un momento del año históricamente seco, han provocado graves inundaciones que han puesto a prueba la resiliencia de los habitantes de nuestra región y los recursos financieros y humanos de los gobiernos departamental...



