Las cifras recientes sobre el empleo en Montería dejan un mensaje preocupante: la tasa de desempleo sigue alta, ubicándose en 11,4 %, pero lo más alarmante es la caída en la tasa de ocupación en -3,3 puntos porcentuales que se materializa en la destrucción de 9 mil puestos de trabajo. Esto significa que hay menos personas trabajando, que no se quedan buscando empleo, sino que han salido completamente del mercado laboral.
¿Qué está pasando? Muchos trabajadores que deberían engrosar las filas del desempleo han pasado a la inactividad, ya sea por razones de incapacidad, jubilación, falta de interés en buscar empleo o por dedicarse a los oficios del hogar, esto último concentrado especialmente en las mujeres.
Lo paradójico es que en 2024 hubo un repunte en la creación de empleo en la ciudad, según estudios del centro de pensamiento económico de Córdoba Atarraya sobre la base de la información suministrada por el DANE. Sin embargo, esta mejoría no fue sostenible, lo que refleja las dificultades estructurales del mercado laboral en Montería, más aún entendiendo que el 100% de la pérdida de puestos de trabajo los puso el sector informal. Aunque a nivel nacional, las proyecciones para 2025 son más optimistas: mayor crecimiento económico, menor inflación y mejores condiciones para el crédito. Pero, en nuestra ciudad, el impacto del último trimestre ha golpeado sectores clave como la construcción, la industria manufacturera y los servicios profesionales y administrativos.
A pesar de este panorama, hay una luz de esperanza. La construcción de Puerto Antioquia puede ser una oportunidad única para Montería, siempre y cuando nos preparemos. Es crucial diseñar una hoja de ruta de formación técnica, tecnológica y profesional que permita a nuestra población integrarse a la cadena productiva del sector portuario. Las alianzas con la academia y el sector empresarial serán determinantes para que esta oportunidad no se pierda.
Por otro lado, es urgente repensar la regulación laboral en el país. Una reforma que impulse la formalización y el crecimiento del empleo es indispensable. Estudios del Banco de la República han demostrado que la informalidad disminuye en economías más complejas, con mayor valor agregado y mejor capacitación de la fuerza laboral.
Finalmente, políticas públicas como la reducción de impuestos a la nómina, la flexibilización en la contratación y programas de formación para el trabajo han demostrado ser efectivos para fomentar la empleabilidad. Si queremos un Montería con más empleo formal y sostenible, debemos actuar desde ahora.



